sábado, 28 de junio de 2014

Hola de nuevo, querido blog.

Hoy, hurgando en los recuerdos mientras intento buscar las claves del futuro, he vuelto a toparme con mi querido blog. Aquel que abrí hace unos años con la esperanza de cultivar y compartir mi afición por la literatura, con la finalidad de dar rienda suelta a mi imaginación. A día de hoy, ese sueño está casi marchito. No se muy bien como he llegado hasta donde estoy ahora, y aún menos a donde acabaré llegando. Estas últimas dos semanas han sido totalmente nuevas para mi, dando lugar al inicio de una nueva etapa en mi vida.
Hoy, leyendo otra vez mis cuatro entradas del blog (vaya, un número elevadísimo, que bien se me da ser perseverante) he vuelto a recordar a aquellos personajes de existencia efímera, atrapados sin poder completar la historia que los define, al igual que yo ahora mismo. Sin saberlo camino y creo mi historia, mientras busco algo realmente grande, una ambición más grande que la anterior y más poderosa, que me destruye algo más rápidamente gracias a la impaciencia. Pero ¿como podemos darle un vuelco a la situación?, ¿que hacer cuando el destino nos tiene atados de pies y manos?, ¿realmente existe algo que se pueda hacer para remediarlo?. No serían preguntas tan agobiantes de no ser porque uno tiene la impresión de haber caído en un bucle infinito.
Es difícil pensar bajo el yugo de la incertidumbre cuando nada se tiene claro, cuando nada es suficiente, cuando todo es duda, duda que evoluciona a añoranza, noches en vela y soñar despierto con la mirada perdida en el cielo, recordando pequeños momentos que no volverán. Ya lo decía el manual, claro que es bueno soñar, siempre y cuando no se rompa la primera regla y el sueño pase a ser mas amado que la realidad.

miércoles, 12 de junio de 2013

Two steps from heaven


Demasiadas cosas habían cambiado desde ese día, desde que los pétalos cayeron marchitos a la tundra. Mi perspectiva había cambiado radicalmente, dándome cuenta al fin de que no hay nada seguro, y de que nosotros somos nuestro propio límite. Cansado, agotado, exhausto, escribo estas palabras, estos ecos de mis pensamientos que quieren acariciar la luz y ser libres, aunque solo sea metafóricamente. A medio camino en una pelea conmigo mismo, la vida me ha vuelto a enseñar de esa forma tan peculiar, algo así como enseñaba el ciego al lazarillo. "Todos los días se aprende algo nuevo", vaya si es verdad, aunque a veces nos cueste aceptar la realidad por ser demasiado amarga y áspera, por ser fría como el hielo, tan fría que incluso abrasa.
No esperes nunca nada, y así evitaras desilusionarte. No esperes que las risas sean sinónimo de bondad, no esperes que una sonrisa sea sinónimo de amor y no esperes que el tiempo sea sinónimo de lealtad, por que todo por desgracia en esta vida tiene un precio, todos estamos dispuestos a sacrificar nuestros principios por algo, aunque ese algo solo sea un espejismo. No esperes un camino de rosas, ni un final feliz.
Aquellas palabras, "se hace camino al andar", que leí por primera vez sentado en aquel peculiar sillón mientras intentaba sostener sin que se desmoronara ese gastado libro cuando no podía imaginarme apenas el significado del poema y solo lo hacía por que únicamente me gustaba, nunca las he podido olvidar y siempre han resonado en mi cabeza en mayor o menor medida, hasta que ahora, por fin, soy consciente de su pleno significado.
Y eso es lo que toca, comenzar a caminar de nuevo, comenzar a abrirse paso una vez más, pero esta vez sin descanso, ya que esto es "el trabajo de la hormiga". Toca mirar las cosas de una forma positiva, de levantarse y de comenzar a aceptarse y a creer en uno mismo. Es la hora de aprender del pasado, por que para eso sirve la historia, y de reanudar la pelea incesante contra uno mismo, y esta vez no tendrá más resultado que la victoria.

viernes, 26 de abril de 2013

Un nuevo comienzo

Aquél lugar muerto por tanto tiempo comenzaba a brotar de nuevo, de una manera súbita, especial y bellamente mágica. Aquél lugar a los pies de las montañas de cumbres ligeramente nevadas que un día estuvieron recubiertas por el odio y sembradas por la muerte, hoy era un silencio mágico, iluminado por los últimos rayos de sol que se escondían lentamente en dirección opuesta y que iluminaban un espléndido arco iris lunar, cruzando de un lugar a otro la planicie y muriendo entre dos bastas torres enormes surgídas de un pequeño bosque que tapiaba y abrazaba unas ruinas antiguas, fruto de un pasado de modernos y lujosos edificios que se hallaban firmes en una estepa árida.
Tal y como había cambiado de manera súbita aquél lugar, el cielo comenzaba a dejar ver tímidamente la vía láctea, que intentaba destacar frente a la radiante luna llena y el sol anaranjado que terminaba de morir lentamente. Desde no hace mucho, el agua también había vuelto a fluir, saliendo de una pared de granito que soportaba sin descanso la presión con la que salía aquél cristal líquido, poseedor de la capacidad de revivir a cualquier sediento viajero por cansado que estuviera. Aquella agua corría por unos pequeños rápidos muy bifurcados, que se abrían paso entre unas suaves y lisas lanchas de piedra que todavía guardaban algo de calor que el sol les había proporcionado durante el día. Y el agua dejaba de correr cuando llegaba a un cráter, para inundarlo continuamente e intentar, sin éxito, tapar por completo una figura metálica con forma humanoide que sobresalía con majestuosidad de aquella agua que la corroía poco a poco a pesar de lo desgastada y rota que estaba, como una ruina más de todas las que la madre naturaleza se había encargado de cubrir lentamente y sin prisa.
Con andares grandiosos, un tigre blanco con un pelaje que brillaba con un fino toque anaranjado caminaba lentamente hacía las aguas que corrían avidamente sin descanso entre las lanchas, para acercarse a calmar su sed. Aquel majestuoso ser, posiblemente el último que quedaba en la faz del inmenso planeta, acercó su hocico y abrió la boca, dejando ver una lengua rosada que salía entre dos grandes y puntiagudos colmillos para sorber aquél néctar de la vida, que a su vez mojaba los bigotes con una delicadeza un tanto abrupta. Todo ello de una manera lenta y tranquila, como el sonido suave que producía el viento al silbar entre los árboles de aquellas tierras.
Unos metros de donde aquel magnífico tigre calmaba su sed, una chica estaba recostada sobre las lanchas, mirando como el cielo se cubría lentamente de estrellas a través de unos ojos pardos que conjuntaban con su pelo ondulado. Despertando de su sueño que había tenido despierta, la chica se percató de la presencia del tigre. Se incorporó y el tigre la miró fijamente con sus ojos cristalinos, como aquella agua que brotaba no muy lejos de allí, quedándose ambos mirándose fijamente, mientras aquella máquina que sobresalía del lago contemplaba a aquellas dos figuras vestidas de blanco, ambas de tacto suave, ya que una poseía un suave vestido de algodón mientras que la bestia tenía un fino y largo pelaje rayado. De repente aquella chica, que más que una chica parecía una ninfa, esbozó una sonrisa mientras que con la mano derecha empujó el agua en dirección a aquella criatura con intención de salpicarla, tal y como si fueran dos niños que jugaban en el mar.
Ante eso, el majestuoso tigre emitió un gemido y se agachó ligeramente mientras se tapaba con una de sus garras los ojos, como si hubiera pasado a ser una pequeña criatura indefensa. La chica, sonriendo, cruzó aquel pequeño paso de agua que los separaba y lo abrazó de una forma cariñosa, a lo que el tigre respondió con otro gemido más largo. Y allí se quedaron observando el nacimiento de las estrellas y de la noche, cubriendo con un tenue resplandor aquel paisaje completamente  mágico. Mientras el espectáculo natural continuaba sin cesar, la chica besó la frente de la temida bestia, y le susurró:
- No te preocupes, se que algún día volveremos a verle.
Mientras ambos cruzaban una mirada con aquella máquina humanoide, agujereada y corroída que se mantenía apoyada sobre una rodilla, y parecía que intentaba levantarse y salir de aquél lago y volver otra vez a andar.

miércoles, 24 de abril de 2013

17 minutos

Unos cuantos meses después he llegado sin saber muy bien como a mi viejo blog, aquel que abrí hace tanto para escribir todas aquellas historias que se me ocurren a lo largo de la semana, aquellos gritos del niño que llevo dentro. No recuerdo muy bien por que decidí crear este espacio que podríamos representarlo como una gota en el enorme océano que es Internet  supongo que fue en una de aquellas horas muertas en las que uno no encuentra otra cosa mejor que hacer que la simbiosis con la silla, ya me entendéis queridos lectores, aquellas horas en las que uno se "aburre" cuando en realidad tiene cientos de cosas que hacer pero el sedentarismo nos hace quedarnos sin hacer nada. Este año la verdad es que la vida me ha enseñado muchas cosas, no tenía idea de todo lo que puede llegar a ocurrir en unos escasos tres meses, y al mirar hacia atrás ves lo rápido que pasa el tiempo, y comprendes plenamente el sentido de la frase: "el tiempo es oro".
Cuando he entrado, he visto mi última entrada, y no he podido esbozar una sonrisa al terminar de leerla. Quien pudiera volver atrás en el tiempo y decirle al antiguo yo: "Hey tranquilo, que todavía te queda lo peor". La vida, cuando te enseña algo, lo hace de una manera dura para que no lo olvides y aprendas de lo errado para no volver a tropezar otra vez con la misma piedra.
A partir de ahora, si todo va bien y las garras del olvido no se vuelven a apoderar de este lugar imaginario, comenzaré a llenar este lugar de historias, noticias, y alguna que otra reflexión de tipo filosófico. ¿Por qué?, simplemente amo escribir.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Newaboord's cafe

Unos rayos de sol intentaban eliminar el frío invernal de aquella enrome ciudad .Un sudor frió recorría mi frente, mientras daba los últimos sorbos a aquel café bien cargado y que estaba tan caliente como la arena de aquel lugar de mala muerte en el que había estado días antes. El local estaba lleno de gente, como era habitual. Habia hombres de negocios enfundados en aquellos trajes, que reían demasiado para evadirse del trabajo. En la mesa de mi izquierda estaban sentadas un grupo de señoras bien entradas en años, que cotorreaban y se dedicaban a poner verde a conocidos suyos. En aquella barra de mármol estaban dos ancianos discutiendo sobre fútbol, y yo me encontraba allí, en mitad de aquella cafetería, la famosa Newaboord's cafe, esperando una señal. Ella, y yo nos mirabamos de reojo, sin perder un detalle de lo que estaba pasando, atentos a cualquier mínima señal, y siempre mirando el tiempo aunque no servia para nada. Todos nos estábamos jugando mucho, y nada podía fallar. Tenia miedo, nunca antes me había enfrentado a esta situación, y, aunque se podría decir que era un experto en la materia, nunca antes había estado en una situación limite como estaba ahora. Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, y creo que ella se sentía igual, aunque no lo reflejara. De pronto, la señorita Cooper entró por la puerta giratoria de aquel hotel. Acompañada por dos guardaespaldas y vestida con un vestido rojo elegante y a la vez sexy, se disponía a subir las escaleras que llevaban a la recepción del hotel. Había llegado mi turno, tenía que hablar con ella. Terminé mi café de un último sorbo y salí rapidamente de la cafetería de aquel lujoso hotel hacia las escaleras de este.
-¡Espere señorita Cooper!- Exclamé desde los dos primeros escalones. Ella se giró, y clavó su mirada oscura en mi.
-¿Desea algo?- Dijo con voz suave y dulce, mientras aquellos dos enormes guardaespaldas me miraban de forma sospechosa.
-Me gustaría hacerle unas preguntas, soy periodista, y, si me permite, quisiera hacerle una entrevista- Dije nervioso.
Ella me miro de arriba a abajo, sonrió, y dijo con un tono picaresco:
-Bueno, puede ser divertido, ¿le apetece un café?-
Asentí con una sonrisa en la cara, y la miré mientras bajaba por aquella escalera adornada con una alfombra roja y una barandilla de metal con adornos dorados. Sin embargo, me dio la impresión de que ella ya sabía lo que pasaba, y parecía estar esperando ver hasta donde llegaba todo esto. Automáticamente intenté alejar ese pensamiento de mi mente, y miré otra vez el reloj, el cual ahora decidía avanzar hacia atrás. Cuando abrí aquella gruesa puerta de cristal, pude ver por la ventana como caía una lluvia intensa, y me preguntaba que estaría pasando allí arriba.
-¿No le parece que hace un tiempo un poco extraño hoy?- Me preguntó tras ver como observaba aquella torrencial lluvia.
-Si, supongo- Le contesté, mientras pensaba en si algo estaba saliendo mal, pero tenía que concentrarme en el plan.