Unos rayos de sol intentaban eliminar el frío invernal de aquella enrome ciudad .Un sudor frió recorría mi frente, mientras daba los últimos sorbos a aquel café bien cargado y que estaba tan caliente como la arena de aquel lugar de mala muerte en el que había estado días antes. El local estaba lleno de gente, como era habitual. Habia hombres de negocios enfundados en aquellos trajes, que reían demasiado para evadirse del trabajo. En la mesa de mi izquierda estaban sentadas un grupo de señoras bien entradas en años, que cotorreaban y se dedicaban a poner verde a conocidos suyos. En aquella barra de mármol estaban dos ancianos discutiendo sobre fútbol, y yo me encontraba allí, en mitad de aquella cafetería, la famosa Newaboord's cafe, esperando una señal. Ella, y yo nos mirabamos de reojo, sin perder un detalle de lo que estaba pasando, atentos a cualquier mínima señal, y siempre mirando el tiempo aunque no servia para nada. Todos nos estábamos jugando mucho, y nada podía fallar. Tenia miedo, nunca antes me había enfrentado a esta situación, y, aunque se podría decir que era un experto en la materia, nunca antes había estado en una situación limite como estaba ahora. Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, y creo que ella se sentía igual, aunque no lo reflejara. De pronto, la señorita Cooper entró por la puerta giratoria de aquel hotel. Acompañada por dos guardaespaldas y vestida con un vestido rojo elegante y a la vez sexy, se disponía a subir las escaleras que llevaban a la recepción del hotel. Había llegado mi turno, tenía que hablar con ella. Terminé mi café de un último sorbo y salí rapidamente de la cafetería de aquel lujoso hotel hacia las escaleras de este.
-¡Espere señorita Cooper!- Exclamé desde los dos primeros escalones. Ella se giró, y clavó su mirada oscura en mi.
-¿Desea algo?- Dijo con voz suave y dulce, mientras aquellos dos enormes guardaespaldas me miraban de forma sospechosa.
-Me gustaría hacerle unas preguntas, soy periodista, y, si me permite, quisiera hacerle una entrevista- Dije nervioso.
Ella me miro de arriba a abajo, sonrió, y dijo con un tono picaresco:
-Bueno, puede ser divertido, ¿le apetece un café?-
Asentí con una sonrisa en la cara, y la miré mientras bajaba por aquella escalera adornada con una alfombra roja y una barandilla de metal con adornos dorados. Sin embargo, me dio la impresión de que ella ya sabía lo que pasaba, y parecía estar esperando ver hasta donde llegaba todo esto. Automáticamente intenté alejar ese pensamiento de mi mente, y miré otra vez el reloj, el cual ahora decidía avanzar hacia atrás. Cuando abrí aquella gruesa puerta de cristal, pude ver por la ventana como caía una lluvia intensa, y me preguntaba que estaría pasando allí arriba.
-¿No le parece que hace un tiempo un poco extraño hoy?- Me preguntó tras ver como observaba aquella torrencial lluvia.
-Si, supongo- Le contesté, mientras pensaba en si algo estaba saliendo mal, pero tenía que concentrarme en el plan.
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