Hoy, hurgando en los recuerdos mientras intento buscar las claves del futuro, he vuelto a toparme con mi querido blog. Aquel que abrí hace unos años con la esperanza de cultivar y compartir mi afición por la literatura, con la finalidad de dar rienda suelta a mi imaginación. A día de hoy, ese sueño está casi marchito. No se muy bien como he llegado hasta donde estoy ahora, y aún menos a donde acabaré llegando. Estas últimas dos semanas han sido totalmente nuevas para mi, dando lugar al inicio de una nueva etapa en mi vida.
Hoy, leyendo otra vez mis cuatro entradas del blog (vaya, un número elevadísimo, que bien se me da ser perseverante) he vuelto a recordar a aquellos personajes de existencia efímera, atrapados sin poder completar la historia que los define, al igual que yo ahora mismo. Sin saberlo camino y creo mi historia, mientras busco algo realmente grande, una ambición más grande que la anterior y más poderosa, que me destruye algo más rápidamente gracias a la impaciencia. Pero ¿como podemos darle un vuelco a la situación?, ¿que hacer cuando el destino nos tiene atados de pies y manos?, ¿realmente existe algo que se pueda hacer para remediarlo?. No serían preguntas tan agobiantes de no ser porque uno tiene la impresión de haber caído en un bucle infinito.
Es difícil pensar bajo el yugo de la incertidumbre cuando nada se tiene claro, cuando nada es suficiente, cuando todo es duda, duda que evoluciona a añoranza, noches en vela y soñar despierto con la mirada perdida en el cielo, recordando pequeños momentos que no volverán. Ya lo decía el manual, claro que es bueno soñar, siempre y cuando no se rompa la primera regla y el sueño pase a ser mas amado que la realidad.